Hogares del Niño con Cáncer: donde el amor vence al cáncer

Para muchas familias que viajan desde el interior del país, tener un lugar seguro donde hospedarse puede marcar la diferencia entre continuar o abandonar el tratamiento.

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Un hogar para no detener el tratamiento


Los Hogares del Niño con Cáncer fueron el segundo programa aperturado por la Fundación Hondureña para el Niño con Cáncer, como respuesta a una necesidad urgente de las familias de escasos recursos que debían viajar largas distancias para que sus hijos recibieran tratamiento.

Muchas familias llegaban desde el interior del país sin tener dónde hospedarse, sin recursos para pagar alimentación y sin la posibilidad de permanecer cerca del hospital durante los días de quimioterapia, consultas o controles médicos.

Ante esta realidad, la Fundación creó espacios seguros y gratuitos para que los niños y sus padres pudieran permanecer cerca del tratamiento, reduciendo el riesgo de abandono y brindando un acompañamiento digno durante una de las etapas más difíciles de sus vidas. 

Gracias a este servicio, la tasa de abandono al tratamiento se mantiene en apenas 0.2%, reflejando el impacto que tiene brindar a las familias un lugar seguro, cercano y gratuito durante el proceso.

Dos hogares cerca de los hospitales con mayor atención oncológica pediátrica


En 2017 se inauguró el primer Hogar del Niño con Cáncer en Tegucigalpa, cercano al Hospital Escuela. Posteriormente, en 2020, se abrió el Hogar del Niño con Cáncer en San Pedro Sula, para apoyar a las familias que reciben atención en el Hospital Mario Catarino Rivas.

Estos dos hospitales concentran una alta incidencia de pacientes oncológicos pediátricos en Honduras, por lo que contar con hogares cercanos permite que más niños puedan asistir a sus citas, recibir quimioterapias y continuar su tratamiento sin que la distancia o la falta de recursos se conviertan en una barrera.

Un espacio para descansar, cocinar y permanecer cerca del tratamiento

Los Hogares del Niño con Cáncer están equipados para recibir al paciente y a uno de sus padres o cuidadores. En ellos, las familias encuentran un lugar donde descansar, preparar sus alimentos y permanecer durante los días que requiere el tratamiento de su hijo.

Más que un lugar para dormir, cada hogar representa un espacio de alivio para familias que muchas veces llegan cansadas, preocupadas y lejos de su comunidad.

Aquí encuentran seguridad, orientación, compañía y la posibilidad de continuar el tratamiento sin preocuparse por los costos de hospedaje. Esa estabilidad es clave para que las citas, quimioterapias y controles médicos no se interrumpan.

Una comunidad que acompaña


Dentro de los hogares se vive un ambiente de respeto y camaradería. Los padres y cuidadores participan en responsabilidades compartidas dentro del hogar, lo que permite mantener el orden, fortalecer la convivencia y crear vínculos entre las familias.

Poco a poco, quienes llegan como desconocidos encuentran apoyo en otras madres y padres que están viviendo, o ya han vivido, una situación similar.

Ese acompañamiento se convierte en una red emocional muy valiosa. Porque a veces, nadie entiende mejor el camino del cáncer infantil que otra familia que también lo está recorriendo.


¿Por qué los hogares son tan importantes?

Continuidad médica

Los hogares ayudan a prevenir que las quimioterapias, citas de control y evaluaciones médicas se detengan por falta de hospedaje o por la dificultad de viajar constantemente desde el interior del país.

Al mantener a las familias cerca del hospital, este servicio contribuye directamente a que el tratamiento no se interrumpa y a que la tasa de abandono se mantenga en apenas 0.2%.

Asistencia de médica

El equipo de médica acompaña a los niños durante su estadía, monitoreando el cumplimiento de medicamentos y prestando atención a señales de alerta o posibles complicaciones.

Este seguimiento permite actuar oportunamente ante cualquier cambio en la salud del paciente mientras permanece cerca de su centro de atención.

Soporte emocional

Los hogares ofrecen un ambiente cálido y seguro que ayuda a reducir el miedo, la tensión y la incertidumbre que viven las familias durante el tratamiento.

La convivencia con otras familias también crea una red de apoyo que fortalece emocionalmente a padres, cuidadores y pacientes.

Alivio económico

Al brindar hospedaje y un espacio donde preparar alimentos sin costo, los hogares reducen una carga económica importante para familias que ya enfrentan gastos, viajes y cambios en su vida diaria.

Para muchas de ellas, este apoyo representa la posibilidad real de continuar el tratamiento de su hijo.

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